Investigación

Creemos que la investigación en salud ambiental debe ser un proceso colaborativo y no jerárquico entre la comunidad y los científicos

En febrero de 1994, el Presidente Bill Clinton emitió la Orden Ejecutiva 12898 (1), en la cual se encargó a 11 agencias federales el desarrollo de políticas y procedimientos para abordar la disparidad del impacto de los peligros ambientales en las comunidades de color y las poblaciones de bajos ingresos.

Ese mismo día, el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental (NIEHS) organizó un Simposio Interagencial sobre Investigaciones de Salud Necesarias para Asegurar la Justicia Ambiental en Arlington, Virginia. Esta conferencia trascendental dio lugar a una apreciación expresa de la importancia de la participación de la comunidad en la creación y la aplicación de agendas de investigación para abordar cuestiones de justicia ambiental.

Las comunidades y la ciencia son más fuertes cuando se unen.

Ese día, la comunidad científica reconoció que se necesitan fondos para responder eficazmente a las enormes disparidades en salud por raza/grupo étnico y clase social, la carga desproporcionada de contaminación en estas comunidades, los impactos de exposiciones múltiples y acumulativas –incluido el potencial de efectos sinérgicos– y las preocupaciones especiales de las poblaciones susceptibles, incluidos los niños, los inmunocomprometidos y los ancianos. Los científicos y los líderes de la comunidad acordaron trabajar en colaboración para dar prioridad a las necesidades de investigación, recolectar datos, evaluar las exposiciones ambientales y probar intervenciones designadas para influir en las políticas públicas a fin de proteger el medio ambiente y la salud de todos, incluidos los que viven en comunidades de color y lugares donde se da la explotación económica.

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